Hay lugares que parecen creados no por la naturaleza, sino por la imaginación de alguien. Yangykala es uno de ellos. "Fortalezas de fuego" — eso es lo que significa el nombre del cañón en turkmeno, y cuando te asomas al borde del precipicio, entiendes que no podría estar mejor dicho.
El cañón se formó hace más de 5,5 millones de años, cuando las aguas de la bahía de Kara-Bogaz-Gol azotaban estas tierras. Cuando el mar se retiró, la lluvia y el viento esculpieron durante milenios este paisaje extraordinario. Las paredes del cañón alcanzan entre 60 y 100 metros de altura, y el cañón se extiende 24 kilómetros a través del desierto hasta la bahía de Kara-Bogaz-Gol.
Yangykala es famoso por sus espectaculares acantilados pintados en una vívida paleta de blanco, amarillo, ocre, violeta y rojo. Los lugareños les han dado desde hace tiempo un segundo nombre — Kyzyldag, que significa "Montañas Rojas." Las vistas más impresionantes llegan al atardecer, cuando todo el paisaje estalla en un rojo ardiente y la tierra parece volver a arder desde dentro.
En la antigüedad el cañón estuvo sumergido bajo las aguas de la bahía de Kara-Bogaz-Gol, y hoy los viajeros más afortunados aún tropiezan con conchas petrificadas y piedras de formas y colores sorprendentes. Pocos turistas llegan hasta aquí — el camino es difícil y la infraestructura casi inexistente. Pero eso es exactamente lo que hace a Yangykala tan especial: sin vallas, sin multitudes, sin ruido. Solo tú, el viento y varios millones de años de historia bajo tus pies.