"Kalyan" significa "grande" en persa — y no es ninguna exageración. El minarete se construyó en 1127 por orden del gobernante Arslan Kan, y hasta hoy sigue siendo un símbolo de Bujará y una de las construcciones más notables de su tipo en todo el Oriente islámico.
Según la leyenda, el maestro que echó los cimientos mezcló el yeso con leche de camella y esperó dos años a que el mortero se endureciera como piedra. La solidez resultó tal que la torre resistió incluso a Gengis Kan — el gran conquistador, cuenta la tradición, se vio obligado a inclinarse ante el minarete, declarando que nunca antes se había inclinado ante nadie, pero que aquella construcción era tan grandiosa que merecía una reverencia.
El minarete cumplió varias funciones a lo largo de su historia: llamaba a los fieles a la oración, servía de faro para las caravanas comerciales, funcionaba como torre de vigilancia y — en los tiempos más sombríos del kanato de Bujará — fue escenario de ejecuciones públicas. El pueblo llegó a llamarlo la "Torre de la Muerte." Hoy es posible subir sus 105 escalones interiores hasta la cima y contemplar la antigua Bujará desde casi 47 metros de altura.